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sábado, 18 de diciembre de 2010

Impresionante Gergiev-Mahler


El pasado viernes, 17 de Diciembre, tuve el placer de cantar en el Baluarte de Pamplona (el auditorio de mi ciudad) la parte coral de la "II Sinfonía - Resurrección", de Gustav Mahler. No era la primera vez que lo hacía pero ya mi recuerdo estaba casi en el olvido (hace más de 20 años que lo canté en la prestigiosa Semana de Música Religiosa de Cuenca), en lo que supone escuchar la explosión de matices de todos los colores que se dan cita en esta obra mientras esperaba el momento de cantar.

En aquella oportunidad, recuerdo que salí maravillado del sonido orquestal. A decir verdad, ya no recuerdo con qué conjunto orquestal tuve el placer de cantar; el caso es que me pareció una gran diferencia con el sonido escuchado a través de la grabación de un disco, tal y como hasta ese momento había vibrado con la obra. Además, como sucede con la 9ª Sinfonía de Beethoven, tenemos tiempo de ser espectadores

Todo un lujo ser espectador, más que de primera fila, de una combustión de texturas y timbres que van desde el pianísimo susurrante hasta el mayor de los estruendos acústicos que he oído en concierto alguno en directo (sólo lo ha superado, que yo recuerde, una "mascletá" presenciada en Benicarló.

También es la segunda ocasión que tengo el honor de ser dirigido por el maestro Valery Gergiev. Y en las dos ocasiones el anfitrión o protagonista ha sido Gustav Mahler con alguna de sus sinfonías (en la primera ocasión fue la VIII, ahora la II).


Así como en el primer contacto saqué una impresión ambivalente, no desmereciendo su fama pero con una sensación algo agria desde el punto de la, para mí, entonces, falta de atención hacia el coro..., anteayer fue sublime... Y no lo digo por su especial dedicación de cara al coro, que íbamos sin partitura, todo ojos hacia él.

El único ensayo que hicimos previo al concierto fueron unos escasos minutos, dado que se suspendió el ensayo general de la tarde. Hay que decir que, viendo al maestro desde la perspectiva de un ciudadano común..., es un señor que "no vive" o, dicho de una forma más clara o contundente, no debe tener tiempo ni para cagar. Cada día está en una nueva plaza, con una obra que suele ser distinta, habitualmente...

De los pocos minutos que estuvimos con él en el ensayo previo al concierto, la mitad del tiempo lo utilizó para probar el sonido de los trompetas que colocó fuera del escenario..., y para ver cómo marcaba (con errores nuestros de seguimiento, con el subsiguiente desconcierto, claro) el tempo en algunos de los fragmentos que cantábamos... Finalizó el "ensayo" con un agradecimiento al coro por los conciertos que dio el Orfeón Pamplonés en Washington y New York a sus órdenes en el pasado mes de Octubre. ¿Qué pasaría en el concierto, minutos más tarde?

Un espectáculo sublime, increíble, inenarrable el "show" de su orquesta en los primeros movimientos de la sinfonía mahleriana. Él, sin batuta, manejando las manos a diestro y siniestro, desmenuzando no sé qué con sus dedos (pero de manera continua), haciéndolos bailar por doquier, inquiriendo con su potente mirada a cada músico al que le requería ese "algo" que inmediatamente conseguía escucharse, emanando de su boca unos bufidos de alta energía en cada enérgico movimiento de brazos... En fin, no sé cómo explicar lo que se me dio vivir en el escenario del Baluarte. Hay que estar ahí...


Una pena que el aforo no se llenara... Es comprensible que una ciudad como Pamplona no tenga audiencia como para llenar dos conciertos de música sinfónica seguidos (uno a las 20h y otro, el nuestro a las 22h30'), pero es que la oportunidad de vivir este concierto no se repetirá, aunque el maestro Gergiev y su formidable Orquesta del Teatro Mariinsky (de San Petersburgo) vuelvan a Pamplona...

¿Qué queda en mi Ser de esta experiencia?: Luz y un afianzar más, si cabe, el gusto por la música con todas sus posibilidades expresivas. Si queréis leer la crítica musical de Diario de Navarra, aquí la tenéis.

Salud para ti y los tuyos.

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2 comentarios:

Blogger izara ha dicho...

Hola Silvano: he leído la noticia en el Diario de Navarra,(de siempre en casa por tradición familiar), pero no recordaba que tú eras del orfeón.
Ahora mirando en la foto, me ha costado encontrarte,(estás en el centro ¿no?) y he leído que fue una actuación memorable y vosotros estuvisteis muy bien.
Sin embargo al hilo de esto, quisiera comentar que la prensa, la mayor parte de las veces, no anuncia estos eventos, con la resonancia que debiera.
Hoy viene una plana entera, sí; pero el víspera ¿quien resaltó que había un concierto de esas características?.
Los que somos profanos andamos muy justos de información.

Un saludo y mis mejores deseos para estas fechas.

20 de diciembre de 2010, 0:17  
Blogger Silvano Baztán ha dicho...

¡Hola, Iñaki! Al Orfeón Pamplonés entré en el año 1982 pero, por motivos personales (familia, trabajo...) tuve que dejarlo.

Siguiendo en el mundo de la música, estudié Canto y tuve la oportunidad de pisar escenarios cantando papeles individuales de solista o papeles "co-primarios" en unas cuantas óperas...

Mis colaboraciones con el Orfeón han sido (y siguen siendo) diversas a lo largo de estos años, dado que me une a él un sentimiento entrañable (mis padres cantaron en él).

Pues sí, en la foto se puede ver algo blanquecino en la fila de arriba, casi en el medio (je-je).

En estos momentos, no nos podemos quejar de la presencia en los medios de comunicación (Medalla de Oro de Navarra, seguimiento de los conciertos en Washington y New York, Carmina Burana con la Fura dels Baus...). Lo único que si alguien no está metido en este mundillo musical, todo esto puede pasar desapercibido.

Salud para ti y los tuyos.

20 de diciembre de 2010, 10:43  

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